La vida puede ser maravillosa
Escribir cuando me siento mal, es de las pocas cosas útiles que aprendí de los psicólogos, y tras el post de ayer, hoy me he levantado mucho más animado, dentro de mi montaña rusa emocional. Durante toda la noche, apenas he dormido, le he dado vueltas a los preciosos comentarios que muchos amigos me dejaron en el post, y a un correo que me envío una de las personas a las que más quiero. Y he decidido escribir hoy sobre lo maravillosa que puede ser la vida.
Si algo he aprendido de los duros golpes que me ha dado la vida, es a valorar las pequeñas cosas que tenemos. Así que voy a hacer una pequeña lista de todas esas cosas maravillosas que podemos tener de vez en cuando y que debemos disfrutar cada segundo.
Ver una puesta de sol en la playa, con tu mujer y tus perros, en silencio, pues esos momentos no necesitan palabras, las miradas bastan.

Pasear por un pequeño pueblo, con las casas de piedra y adobe, donde únicamente escuchas a los pájaros, a algún perro ladrar y el movimiento de los árboles por el viento.

Subir a lo alto de una motaña y disfrutar del maravilloso paisaje que hay a tus pies.

Pasear en primavera por tu jardín, ver las plantas, cuidarlas, mimarlas…

Meter los pies en un río de agua helada (siendo verano) jugando con tus perros.

Visitar un castillo del Siglo XI, y comprobar que en esa época tenían un dominio de la construcción y del sonido impresionante.

Recoger a una perra de la calle, ocuparte de ella unos días hasta que la encuentras una protectora donde tenga otra oportunidad.

Traer a un perro jubilado de la ONCE a tu casa para darle una “feliz vejez” y comprobar que él te da más de lo que tú le das. Sigues en mi corazón Rolo.

Pasear por un mercado medieval, viendo a la gente disfrazada, vendiendo artículos artesanales, escuchando instrumentos musicales y viendo bailes de hace 500 años…

Sentarte en la mesa de un bar a cenar percebes, pulpo, mejillones, xoubas y ensalada, acompañados de un Ribeiro, o dos.
Pagar menos de 30 € por persona por esa cena.

Volver al pueblo donde veraneabas en tu infancia y pasear por sus calles, sus montes, su río…

Montar en un barco-museo, comprobar que apenas cabes y pasarte horas riéndote de esa tontería.

TENER LA MUJER MÁS MARAVILLOSA QUE PUEDAS SOÑAR…
Comentarios
Powered by Facebook Comments

jUAN CARLOS…ME HA GUSTADO MUCHO TODO LO QUE HAS ESCRITO!!!! PERO ME GUSTA MÁS VERTE EN EN LAS FOTOS FELIZ CON CADA COSA QUE HACES. pOR CIERTO…..SI YO HUBÍERA IDO CONTIGO A ESE BARCO TAMBIÉN ME HUBÍERA REIDO CONTIGO. UN BESO AMIGO
Muchas gracias Elena.
La verdad es que no es tan difícil verme feliz, lo que es difícil es que la vida me de un respiro. Lo del barco fue la leche jajajaja.
Un besazo guapa.